Esta libertad de decir lo que uno quiera, que es la sangre del llamado blog, es un bien tan preciado que el mantener un página de este tipo es un ejercicio de aprendizaje -en muchos sentidos- para el autor, especialmente para el autor. Es decir, sin editores o línea editorial, y sin la censura que uno tendría a través de otro medio, el blog es agüacate con tortilla. Claro que hay de blogs a blogs, de temas a temas y de autores a autores. Pero cuando uno ejerce esa libertad para aprender en la pregunta es imposible cerrar la página con las manos vacías.
Tal es el caso del pasado artículo que escribí sobre el proyecto del espectáculo de luz y sonido en Teotihuacan, México. El cual recibió un comentario que bien merece un espacio aparte y que refleja la perspectiva de alguien que no sólo vive del cuidado del patrimonio histórico de México, sino que, me consta, vive el patrimonio histórico. Así que sin más preámbulos el comentario que me tomé la libertad de copiar a continuación:
Por Renata Schneider [1]
(Respondiendo a ¿Es el patrimonio histórico un fin o un medio?)
(Respondiendo a ¿Es el patrimonio histórico un fin o un medio?)
1. No creo que nadie esté en contra, per sé, de los espectáculos de luz y sonido. El problema radica en cómo se hacen y para qué. En este caso en particular mucho del escándalo obedece a la forma en que se buscó hacer las instalaciones físicas del espectáculo. Las instalaciones de Uxmal que deterioran el entorno visual y formal de la plaza de la Monjas, por ejemplo, fueron realizadas hace muchos años, cuando no había tecnología para realizar proyecciones virtuales de muy fácil mantenimiento y poco o casi nada invasivas. Lo que se está haciendo en Teotihuacan no sólo es invasivo, sino que deterioró las estructuras, que consolidadas a principios de siglo bajo los lineamientos arqueológicos de aquella época, fueron consideradas, tras un estudio minucioso de la Comisión de Patrimonio Mundial de la UNESCO -no importando ya si fueron reconstrucciones o no-, como patrimonio mundial.
