Un gran maestro no es alguien que nos hace atesorar nuestras ideas e ideales, no es el que nos empuja para aprovechar el impulso, lo es quien nos hace detenernos, el que nos tambalea para tirar el jarrón de nuestra realidad y de los pedacitos hacernos un bastidor para pintar nuestros verdaderos sueños. Hoy hace tres días y un año que murió Alberto Sauret, un gran maestro.
¿Qué más determinante que enseñar en la víspera del “mundo real”? Sauret, argentino, doctor en filosofía, enseñó a las fieras cómo tener pretensiones (en un mundo sin pretensiones) aún cuando éstas creían tener muchas pretensiones. Sauret está en mi tesis, y estuvo en mi examen profesional como lo estuvo en mi mente en el 2005, cuando me detuve -de nuevo- a romper mi jarrón particular.
Para Sauret, este texto de Fausto Pretelín:
