Leyendo el blog de Lupe Revueltas me topé en la misma línea con el nombre de tres influencias de mi niñez: con Esopo (ilustrado) aprendí a leer, dejé la Crayola Carmen, y de premio me metieron dos años más temprano a la escuela (¡chale!). Entonces pasé a Quino y luego a Rius, que me devoraba en una biblioteca pública medio subversiva. Siempre pensé que vivía en la fábula de El cuervo y la zorra, ilustrada a-la Supermachos y narrada por Mafalda al Manolito. Con los años me olvidé de este guión, pero ahora que estuvimos investigando sobre mineras en la frontera de México y Guatemala, entre curas violadores, regidores vendidos y funcionarios de ONGs matones, me sentí de nuevo un monito de Rius o el Fisgón.
Es raro, pero ya lo extrañaba.

