Un enmascarado entra en un supermercado de la Ciudad de México. Clientes y trabajadores del lugar respiran, paran por un segundo. Revisan al nuevo integrante del grupo. El enmascarado mira, perspectiva de 180°, se levanta la capa, se agacha para tomar algo. La música del lugar para. Él recoge una canasta de metal, a su alredor el mundo congelado… y sigue caminando con seguridad. Uno, dos, tres. Sólo se oyen los pasos de una persona. La gente del lugar lee el nombre marcado en el traje de luchador…Y continúa comprando. La música regresa. El miércoles retorna a su bulliciosa normalidad. El enmascarado pasea por los anaqueles, se detiene en la comida enlatada, revisa el empaque, coloca algo en su canasta. Visita la sección de frutas y verduras. Mirada crítica a la lechuga empacada. Papel de baño y se dirige a pagar. La cajera con la normalidad de atender a un enmascarado como cualquier tarde de miércoles sigue su rito, “¿encontró todo lo que buscaba…alguna recarga para su celular?”. “Lo único que quiero es dejarle toda esta basura”, dice nuestro héroe mientras saca los gansitos de su caja. La cajera le ayuda a liberar la lechuga de su envoltura, mientras ve como los rollos de papel vuelan de su empaque. Al final, una pequeña montaña de bolsas y cajas quedan en la caja registradora. “¡Ya vio cuánta basura me iba a llevar!”, dice mientras sale del supermercado una tarde calurosa.
Ecológico hizo lo que muchos tal vez estemos motivados a hacer en un futuro cercano: librarnos de todo aquello que se convertirá en basura antes de que llegue a nuestra casa—un posible resultado de un impuesto progresivo a la recolección de basura. Exacto, imagina que tienes que pagar porque se lleven la basura y que dicho pago sea proporcional a la cantidad. (more…)

