Original en Latinoamérica…puede
La historia de los autoexiliados latinoamericanos tiene tomos que se pueden leer en los pasillos de cualquier agencia multilateral en Washington, DC. Sus autores buscan reescribirlos con el argumento de que todo se olvida y que no hay buenos hombres que sean buenos políticos. La gran paradoja es que dichos tomos son rescritos bajo la promesa de la experiencia en los problemas que han causado. Un buen día, incluso, buscarán cambiar el título de exiliado por la de mártir de las políticas públicas.
Ha transcurrido casi un lustro desde que se detuvo a Alberto Fujimori en tierras chilenas. Dos años después se encontraba por fin en su natal Perú para ser juzgado formalmente por cargos de corrupción, violaciones a los derechos humanos e incluso crímenes de lesa humanidad. Un proceso lento, como era de esperarse, pero que este año dejó ver su final cuando el pasado abril el ex-presidente fue sentenciado a 25 años de prisión. Incluso, hace menos de dos semanas, Fujimori se declaró culpable de algunos de los cargos.
Las crisis de las instituciones, la credibilidad en las mismas, y las crisis económicas parecen momentos perpetuos en nuestra región. Pero es cierto que Perú nos ha dado lecciones en estos dos eventos. Cómo uno de los países en el ámbito internacional que mejor ha manejado la presente crisis financiera y cómo un ejemplo de que la restitución no sólo es posible, sino que atraviesa el valor de la pena y los daños causados: reconstruye.

