¿Dónde quedaron las crisis?

¿Y si decidieramos pensando que siempre estamos en crisis? (Imagen: Papalote por MexAdrián)

¿Y si siempre descontáramos la crisis en nuestras decisiones? (Imagen: Papalote por MexAdrián)

Hace menos de dos semanas, la Organización Mundial para la Salud elevó la alerta pandémica del virus de influenza A(H1N1) a seis, su máxima fase. Según el reporte del 24 de junio de la OMS, hay casi 56,000 casos confirmados y 240 muertes asociadas con el virus en el mundo. A pesar de ello, la determinación de la OMS y cifras están muy lejos de acaparar la atención mundial que tuvieron las primeras noticias sobre la influenza.

No encuentro la nota que señala que el gobierno chino puso en cuarentena edificios o sitios públicos, aunque el país está a punto de contar con 1,000 infectados. De las cifras mundiales, Estados Unidos tiene más del 38% de casos y 36% de muertes asociadas con la influenza. Sin embargo, no veo gente con tapabocas por las calles. Chile, cuya presidenta hace un llamado a sus connacionales para visitar México y dejar la discriminación a mexicanos, tiene más de 4,300 casos, el segundo número más alto de Latinoamérica. Por cierto, mis amigos ya no me previenen de ir a México, donde ya hay más de 7,800 infectados, porque van a sitiar las ciudades. En general, el virus ocupa pequeños espacios en los sitios electrónicos de las agencias de noticias.

Por momentos, la crisis financiera se defiende mejor, pero existe una similitud en la disminución en el nivel de alarma/atención del público entre los dos sucesos. Incluso, así como hay algunos que a estas alturas juzgan “no fue para tanto” con respecto a las medidas tomadas contra la influenza, hay voces que señalan que la estrategia del gobierno de Estados Unidos para estimular la economía debe ajustarse. De hecho, los temores inflacionarios o el creciente déficit fiscal suenan “al no es para tanto”, principalmente en el mundo en desarrollo, que ha invertido más del 40% de su PIB en el rescate financiero –comparado con el 2% del PIB invertido por países emergentes, según el FMI. (Interesante, ¿no? ¿Los pobres se manejan mejor en la crisis, tienen menos que perder, o las dos, o ninguna de las anteriores?)

Paul Krugman dice que reaccionar en línea con las demandas de cortar el gasto público destinado al rescate financiero significa correr el riesgo de demorar la recuperación económica. Tal como le pasó a Japón en la segunda mitad de los ´90s (que al registrar un año de crecimiento, el gobierno decidió cortar el gasto público y aumentar impuestos, hundiendo al país de nuevo en la recesión) y al mismo Estados Unidos, durante el penoso camino para salir de la Gran Depresión de los 30´s (cuando los políticos “dejaron de preocuparse por depresión y empezaron a preocuparse en inflación”).

Claro, así como la influenza, la actual debacle financiera sigue causando estragos en el ámbito internacional y seguirá:

Según la evidencia anecdótica, la mayoría de los accidentes de paracaidismo ocurren cuando se tienen entre 500 y 1000 saltos. Cuando en cuestión del deporte, el paracaidista no es suficientemente maduro, pero el miedo ha cedido terreno y uno piensa que las puede de todas, todas.

¿Qué pasaría si nuestro interés/miedo/morbo por las crisis no se terminara? Tomaríamos mejores decisiones.

Lo que parece es que las crisis se van, duran poco, sólo se quedan en quienes las sufren de primera mano. Los demás se ajustan y se preocupan de cosas más interesantes (para muestra, ver Las Más Leídas).

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